La resurrección de Toño Cisneros
Oye, ya, despierta. No jodas. Te he dicho que te muevas, caricho. Que relinches. Salta y
asusta es una broma pues: no estás muerto, díselos y abrázalos y todos a cantar. No
puedes estarlo. Ay pues, ya eres leyenda viva, no hay necesidad.
Tienes que volver a ver el lobo color verde pasto con ojos rubí, el cual dibujé por un poema tuyo. Lo firmaste, acuérdate, oso hormiguero. Con caligrafía irregular decía: “Antonio/Cisneros”. Me enteré de tu ‘muerte’ y francamente me cago de la risa, no lo creo.
Reuní tus libros en mi mesa con la celeridad de un chamán ante la crédula víctima, puse un cascabel de madera en su altura y el sábado se volvió el más salvaje lunes, por un momento lo creí: la estrella mayor de la poesía peruana se había alejado de esta galaxia con maletas y
cigarros y butifarras y cerveza. Un Hubble para hallarte es mucha empresa y hacerte
regresar, peor.
Ni modo, el Curiosity encontrará ese mismo lobo verde con ojos rubí,
seguramente las cenizas envolviendo un metal en Marte, las que deben estar ahora
precisamente en este ataúd, y no tu cuerpo, Toño, puta madre - Ya sé que eres un
celebrado en todos los rincones de este pobre planeta y hasta gratis te llevan a otra
galaxia pero esto ya es un escándalo, se deja al Perú mal parado en los certámenes de la
poesía mundial. Espera por tu Nobel, poetry-star, ya llega, haznos más felices a los
peruanos, por favor.
Señores de la funeraria, manes, debe de haber un error cruel, esto
es un mal entendido. No sean malcriados y regresen ahora mismo ese cajón a la calle
Roma, dicho sea de paso, hicieron uno muy pequeño para su cuerpo. Por si fuera poco,
es inédito que se pongan coronas funerarias en un recital.
Quiero seguir gozando como un cochinillo en lodazal con sus escritos y conversaciones, que al saber de esta ‘partida’ aún sigo flotando, disculpen, alguien me puede pasar una escafandra que el mar de Miraflores me da resfrío primaveral, mierda. Que te ladro, Toño, te ladro. No te puedes ir porque me quedo hecho un perro negro ¿Estás haciendo la escenita de tu Destierro?
hacia abajo de las aguas saladas, pues te sale verosímil, maestro.
Más bien, cisne, despéinate y saca tus jeans para irnos al Gloton´s. Mejor, cerca de mi casa, a Juanito. Comentario aparte, cómo jodiste a los muchachos. Te copiaban todos. Y te seguirán
imitando. No hay nada innovador de bello desde los sesentas, bro. Tú eres el gran
culpable, ya pues, Toño, muchas horas descansando, es una vagancia universal que te la
mereces de largo y este diciembre cumples setenta años.
Esta cuestión de la inmortalidad nunca te vino a bien, tus nietos te necesitan. No seas aguafiestas muerte, quítate de acá. Fuchi, fuchi, guadaña de tabaco. No asomes o te pongo la foto de Cipriani, coju… Vallejo siempre fue tu dardo. Y lo arañaste. Y las generaciones que te
siguieron te quisieron hacer lo mismo con rala suerte. Y con tu filo irónico letal patas
arriba quedaron.
Siempre te quise matar, superarte en estilo, pero de esta forma no va. Años después, para las generaciones poéticas que andaban confundidas, comprendí que tú eras su Vallejo ¿Qué? ¿Es tu viaje decisivo? Ok Not. Nos haces ver que la poesía es el origen. Nos dices que hemos perdido tanto tiempo en cojudeces y que nos dediquemos finalmente a lo que amamos.
No creo tu muerte. Es una psicosocial del parnaso envidioso.
Por el momento, Toño Cisneros quiere que me meta a otra caja, una de chelas Cristal.
Insiste el rey lagarto. Yo obedezco. Porque los poetas nunca se mueren.
- Durante el velorio del poeta Antonio Cisneros se dejó un ataúd de medidas erróneas,
las mismas que no correspondían a las dimensiones del bardo. Acaso la vida no quería
meterlo aún en el cofre de la muerte. O la muerte se equivocó con él y quiso regresarlo
porque tenía tanta vida. Nunca es tarde, pelona. La resurrección de Toño es de cajón.
(publicado en la revista SIETE, el 14 de octubre de 2012)